Un mal día lo tiene cualquiera 2001

El título de la película ya lo dice y no hay cosa más cierta que esa. La vida no es perfecta. ¿Quién no ha tenido algún alguna vez un mal día? ¿Uno de esos días que no parecen terminar nunca? ¿Un día que estás deseando terminar?. Sin embargo, a menudo de los días más duros se sacan las mejores lecciones. Y también en cierto que sin días difíciles no apreciaríamos tanto los buenos. Un mal día lo tiene cualquiera (Grégoire Moulin Contre L’Humanité) es una película que te levantará el ánimo y te arrancará una sonrisa. Y está claro que una sonrisa al final de un mal día es un éxito rotundo.

Un mal día lo tiene cualquiera: una comedia para levantar el ánimo

Grégoire Moilin no ha llevado lo que se dice una vida muy buena. Huérfano, sus referentes han sido su abuela, una vieja chiflada y desagradable y su tío, un hombre cuya única aspiración en la vida es beber y beber alcohol. Grégoire tiene 35 años y lo único que ha conseguido es convertirse en un funcionario con una vida monótona que vive con su abuela. Cuando ésta muere, el protagonista consigue un empleo en una empresa de seguros de París y decide emprender una nueva vida trasladándose allí. Pronto se cruzará en su camino una mujer muy especial, Odile Bonheur, una joven profesora de danza de la que se enamora platónicamente. Cuando finalmente se arma de valor y consigue una cita con ella, Grégoire se verá envuelto en una serie de sucesos que le harán muy difícil acudir a su encuentro.

Grégoire se ve envuelto en situaciones de lo más absurdas y surrealistas. Un mal día lo tiene cualquiera maneja con soltura varios tipos de humor desde el más tosco hasta el más irónico. La cinta mantiene un buen ritmo durante todo el metraje con situaciones que van desde el disparate más absurdo hasta la carcajada más limpia. En resumen: una idea muy divertida con un final muy original que, sin duda, te alegrará el día.

Un mal día lo tiene cualquiera es una agradable comedia francesa, absurda y fatalista, estrenada en 2001 que, aunque ha pasado sin pena ni gloria, merece mucho la pena ver. Con guiños evidentes a la película ¡Jo, qué noche! de Martin Scorsese, la cinta, escrita, dirigida y protagonizada por el debutante Artus de Penguern, quizá logre arrancarte alguna sonrisa o, incluso, animarte al final ese día tan terrible.


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