El jardinero fiel: el poder de las farmacéuticas

Es un hecho indiscutible que, gracias a la industria farmacéutica, el ser humano (al menos en algunos puntos del mundo) ha mejorado su calidad y esperanza de vida. Sus productos nos han ayudado a combatir muchas enfermedades e, incluso, a erradicar algunas. Sin embargo, tampoco puede obviarse que, en alguna ocasión, el inmenso poder de esta industria ha puesto contra las cuerdas a gobiernos e instituciones sanitarias con acciones que podrían tacharse de oportunistas. Ante una alarma sanitaria, las empresas farmacéuticas actúan con celeridad para desarrollar productos con los que el ser humano pueda combatir estas nuevas amenazas. La situación que vivimos, con la actual pandemia originada por el COVID-19, es un ejemplo. La «carrera» para conseguir la vacuna, el tesoro más preciado. El más cotizado. Precisamente de este inmenso poder de la industria farmacéutica trata la película El jardinero fiel.

El jardinero fiel (The Constant Gardener) 2005

El jardinero fiel (The Constant Gardener). Un diplomático británico destinado en Kenia emprende una investigación con el objetivo de descubrir la verdad sobre la muerte de su esposa, supuestamente asesinada. Este es el argumento de El jardinero fiel, la película basada en la novela homónima de John Le Carré, estrenada en 2005. Dirigida por el brasileño Fernando Meirelles, la cinta pone contra las cuerdas a las poderosas empresas farmacéuticas y a sus, en ocasiones, inhumanas prácticas.

Turbadora y muy bien narrada, la película logra conmover al espectador. Rachel Weisz da vida a Tessa, una mujer activista brillante y luchadora, presuntamente asesinada. Ralph Finnes interpreta a Justin Quayle, el marido estoico e íntegro en busca de respuestas. La película es emocionante y profunda y Weisz realiza un trabajo impecable, natural y absolutamente convincente que, de hecho, le hizo ganar el Óscar a mejor actriz de reparto. Alberto Iglesias firma la música de esta cinta, como broche final y esencial para comprender las imágenes y ayudarnos a entender el destino de los protagonistas.

El jardinero fiel: una clara denuncia al lado oscuro de las empresas farmacéuticas.

Fernando Meirelles adapta ejemplarmente la novela de John Le Carré convirtíendola en una mezcla entre thriller con tintes políticos y semidocumental sobre las barbaridades cometidas por las empresas farmacéuticas. Así, en El jardinero fiel la poderosa industria farmacéutica trabaja en el continente africano con total impunidad gracias al apoyo de los gobiernos.

Una historia de amor fuera de convencionalismos

La historia de amor entre los protagonistas no es, en apariencia, sensiblera ni romántica. Sin embargo, es una historia hermosa pues muestra el amor como algo que está más allá de la duda y de la muerte. Él no sabe nada de lo que ella hace. Ella parece ir a lo suyo. Su relación parece más basada en el sexo que en otra cosa. Pero las cosas no son siempre lo que parecen y la muerte de la protagonista desatará en este hombre tan comedido, tan sosegado y tan reservado, el imperioso deseo de investigar, de conocer qué fue lo que realmente pasó. Aunque lo que descubra sea verdaderamente terrible.

El cine, una vez más, como herramienta para divulgar una realidad social.

El jardinero fiel es una película valiente, osada y crítica. En ella se acusa directamente a las empresas farmacéuticas de ser auténticas matarifes de los africanos. Porque si estas tienen un conejillo de Indias, este es, sin duda, el continente africano. Es en África donde se llevan a cabo muchos ensayos clínicos, también es África el destino de toneladas de fármacos caducados. El jardinero fiel es una película que hay que ver, para que tomemos conciencia, al menos durante el tiempo que dura el largometraje, de los métodos poco ortodoxos que en muchas ocasiones utilizan estas empresas. El cine, como siempre, sirve para, a través de una historia, mostrarnos una realidad social. El jardinero fiel, imprescindible.


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