El Antequirófano

¿Cuál es el tratamiento para la epicondilitis?

La epicondilitis popularmente conocida como “codo de tenista” es una sobrecarga crónica de los tendones que anclan los músculos extensores de la muñeca en el epicóndilo lateral del húmero. Aunque es frecuente en deportistas de raqueta, cualquier actividad repetitiva de agarre o extensión de muñeca puede desencadenarla. A continuación se detallan, desde su clasificación y su tratamiento hasta las opciones quirúrgicas, con esto el paciente está informado de todas las posibilidades.


Grados de epicondilitis

La severidad de la epicondilitis se clasifica habitualmente en función de la intensidad del dolor, la limitación funcional y los hallazgos clínico-ecográficos.

Grado I: reacción aguda

  • Síntomas: dolor leve al realizar movimientos de extensión de muñeca o pronosupinación forzada.
  • Función: mínima pérdida de fuerza; tareas cotidianas apenas afectadas.
  • Tratamiento inicial: reposo relativo, crioterapia y antiinflamatorios (AINES) de corta duración.

Grado II: epicondilitis crónica moderada

  • Síntomas: dolor persistente que puede limitar actividades como sujetar objetos pesados o abrir puertas.
  • Función: reducción moderada de la fuerza en agarre, dificultad para tareas de precisión.
  • Hallazgos: engrosamiento tendinoso y leve aumento del flujo vascular al epicóndilo en ecografía.
  • Tratamiento: fisioterapia estructurada, ejercicios excéntricos y posibles infiltraciones de PRP.

Grado III: epicondilitis severa

  • Síntomas: dolor intenso, incluso en reposo y durante la noche, que impide actividades básicas.
  • Función: fuerza de agarre notablemente reducida, alta discapacidad.
  • Hallazgos: degeneración tendinosa avanzada, calcificaciones y zonas de necrosis vascular.
  • Tratamiento avanzado: ondas de choque, terapia con láser de alta intensidad y evaluación para cirugía.
Epicondilitis

¿Qué hacer para mejorar cuando tengo epicondilitis?

Una vez identificado el grado de epicondilitis, la estrategias terapéutica debe progresar de manera conservadora a intervenciones más agresivas.

Reposo y modulación de la actividad

  • Pausa estratégica: reducir o adaptar la actividad culpable (p. ej., intercalar descansos cada 30–45 min en trabajos de ordenador).
  • Órtesis o cinchas: uso de bandas epicondíleas para redistribuir las fuerzas de tracción sobre el tendón.

Control del dolor e inflamación

  • Crioterapia: aplicación de frío local 3–4 veces al día, 10–15 min por sesión.
  • Fármacos: Antiinflamatorios tópicos u orales durante períodos breves, analgésicos bajo supervisión médica.

Fisioterapia y ejercicio terapéutico

  • Técnicas manuales: masaje transverso profundo y movilizaciones de la articulación humerocubital.
  • Ejercicios excéntricos: fortalecen el tendón mediante contracción controlada alargando el músculo.
  • Estiramientos Protocolizados: flexión de muñeca y codo, manteniendo 30 segundos por repetición, 3 veces al día.

Modalidades avanzadas

  • Ondas de choque extracorpóreas: estimulan la neovascularización y la reparación tendinosa.
  • Infiltraciones de plasma rico en plaquetas (PRP): aportan factores de crecimiento, suelen requerir 1–3 sesiones.
  • Láser de alta potencia y ultrasonido terapéutico: moduladores del dolor y del metabolismo celular.

¿Cuándo se opera la epicondilitis?

La cirugía se reserva para los casos en los que el tratamiento conservador (incluyendo ondas de choque y PRP) no logra alivio tras 6–12 meses de seguimiento.

Criterios de derivación a cirugía

  • Persistencia de dolor intenso (VAS > 6/10) y limitación funcional tras tratamiento completo.
  • Hallazgos de tendinopatía degenerativa severa o calcificaciones en estudios por imagen.
  • Fracaso de al menos tres ciclos de infiltraciones (corticoides, PRP o ácido hialurónico).

Técnicas quirúrgicas

  • Lib­eración abierta del extensor común: incisión en el epicóndilo lateral para descomprimir y eliminar tejido degenerado.
  • Artroscopia: mínimamente invasiva, con 2–3 puertos de entrada para desbridar la inserción tendinosa.

Recuperación postoperatoria

  • Inmovilización corta: férula de 5–7 días seguida de inicio de movilidad suave.
  • Rehabilitación progresiva: fisioterapia desde la semana 2, centrada en amplitud articular y fortalecimiento excéntrico.
  • Reincorporación laboral/deportiva: generalmente a las 8–12 semanas, según evaluación clínica.

Recomendaciones finales

En caso de dolor nocturno persistente o limitación severa, consulte con un traumatólogo.

La gran mayoría de los pacientes logra recuperación completa con tratamientos conservadores.

La prevención y el fortalecimiento muscular son clave para evitar recaídas.


Películas y libros relacionados

Película: Borg McEnroe. La película (2017).
Libro: Epicondilitis: bases anatómicas y fisiopatológicas.

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