El secreto de sus ojos: las pasiones que nos delatan

«El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión». Esta es una de las frases más brillantes y certeras de El secreto de sus ojos (2009). La película, indiscutible obra maestra, es un ejemplo de cómo nuestras pasiones nos delatan, nos atrapan, nos encadenan. A diferencia de la acción, la pasión no depende de la voluntad ni de la libre elección del individuo, quedando, pues, al margen de la deliberación, de la consideración racional.

Por pasión entendemos aquella emoción definida como un sentimiento muy fuerte hacia una persona, tema, idea u objeto. Lleva implícito el entusiasmo, el deseo, el interés y la admiración. La pasión es una afección del individuo de la cual este no puede desprenderse fácilmente. El estudio de las pasiones ha despertado gran interés a lo largo de la historia. Descartes (1596-1650), ya en el siglo XVII, dedicó una obra en exclusiva a su estudio, Tratado de las pasiones del alma, última obra del filósofo, completada en 1649 y dedicada a la reina Cristina de Suecia.

Resumen «El secreto de sus ojos»

El secreto de sus ojos pequeña

El secreto de sus ojos es majestuosa. Quizá una de las mejores películas de las últimas décadas. Dirigida magistralmente por Juan José Campanella, la cinta argentina está basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri quien también participó en la elaboración del guión. Campanella dirige a un elenco brillante encabezado por Ricardo Darín y Soledad Villamil en una historia entre el drama y el suspense que fue galardonada, entre otros premios, con el Óscar a mejor película de habla no inglesa. La película, absoluta obra maestra, cine escrito con mayúsculas, no deja indiferente al espectador, quedará para siempre grabada en la memoria de los cinéfilos de todo el mundo.

La película cuenta la historia de un brutal asesinato y el impacto que este tendrá tanto en el marido de la víctima como en el personal encargado de la investigación. El protagonista, Benjamín Espósito (Ricardo Darín), trabaja como oficial de un Juzgado de Instrucción de Buenos Aires. Acaba de retirarse pero continúa obsesionado por el brutal suceso acontecido veinticinco años antes, en 1974. Dispuesto a escribir una novela sobre el caso, el protagonista tendrá que enfrentarse de nuevo al pasado que removerá en él sentimientos también sobre una mujer, Irene Morales (Soledad Villamil), jefa del departamento, cuyo amor no pudo enfrentar entonces, dejándola escapar.

Amor, amistad, muerte y venganza

Así, narrada en dos tiempos bien diferenciados, pasado y presente, la película, densa y profunda, muestra cómo somos esclavos de nuestras pasiones, que nos delatan, que nos condenan. Además, El secreto de sus ojos es una historia de amor. De un amor eterno, el de la víctima y su marido, y de un amor que pudo ser y no fue. Pero también de venganza, de supervivencia, de amistad, de corrupción y de denuncia al régimen establecido. La cinta cuenta con un guión excelente y sólido y una belleza visual increíble. Destaca el impresionante y frenético plano secuencia en el estadio de fútbol, escenario de una de las persecuciones más memorables de la historia del cine. Emotiva y conmovedora, la película brilla, entre otras cosas, por la magistral interpretación de sus actores y actrices y su sorprendente final.

El secreto de sus ojos: un viaje hacia la sanción personal

La película de Campanella, responsable también de las aclamadas El hijo de la novia, El mismo amor, la misma lluvia y Luna de Avellaneda, es una oda a la sanción, a la superación de heridas abiertas. Heridas del pasado que, en ocasiones, definen nuestro futuro, marcan nuestro destino. Fantasmas que nos impiden avanzar. Hay que mirar al pasado, sí, pero para intentar reconstruirnos, avanzar y no quedarnos en aquello que pudo ser y no fue. Nunca es tarde para intentar reescribir nuestro futuro.

Cuando no podemos superar el duelo

Desgraciadamente, todos, en algún punto de nuestra camino, tendremos que hacer frente a la pérdida. Esta ausencia impuesta para nosotros generará, por norma general, una tristeza que, con el tiempo, tendremos que aceptar. Este proceso de aceptación puede definirse como duelo. El proceso de duelo no queda restringido a la muerte de un ser querido. A lo largo de nuestra vida también podríamos experimentar tristeza ante la pérdida de una mascota, de un empleo, de una pareja, incluso de un objeto dotado con un valor emocional para nosotros. El denominador común es que este hecho nos genera una tristeza, una reacción absolutamente normal, y nos llevará a un proceso de duelo que terminará con la aceptación de la realidad de la pérdida.

Las personas, en una gran parte, están dotadas naturalmente de las herramientas para superar esta pérdida, este duelo, sin necesitar ayuda externa. Pero, ¿qué sucede si la pérdida continúa interfiriendo en nuestra vida y no nos permite avanzar?. Ya no estamos ante una reacción normal. Estamos ante una complicación del duelo. El duelo patológico puede clasificarse en:

1️⃣ Duelo crónico: cuando el duelo se prolonga excesivamente en el tiempo

2️⃣ Duelo retrasado: este tipo de duelo se caracteriza por una reacción emocional insuficiente en un principio. Más tarde, a veces debido a una pérdida posterior, la persona puede experimentar los síntomas del duelo de forma, ahora sí, desproporcionada.

3️⃣ Duelo exagerado: consiste en la intensificación de un duelo normal. La persona que lo padece se siente desbordada lo que puede conducirla a una conducta desadaptativa: depresión, ataques de pánico, conductas fóbicas o abuso de alcohol u otras sustancias.

4️⃣ Duelo enmascarado: las personas experimentas síntomas que interfieren en su vida, pero no son conscientes de ello ni los atribuyen a la pérdida. Estos síntomas pueden ser tanto físicos como psicológicos.

Es en estas situaciones cuando se hace necesaria la intervención terapéutica con el fin de ayudar a los pacientes, dotándolos de las herramientas necesarias para superar esa situación evitando todas las consecuencias psicológicas que este duelo patológico podría generar si no se tratase.


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