‘Drive my car’ Reflexiones sobre la vida en ruta

Según comentaba el director de Drive my car (2021), Ryûsuke Hamaguchi el coche «es un lugar donde se tienen lugar conversaciones íntimas que solo nacen en ese espacio cerrado y en movimiento». Queda claro que para el director este vehículo es el hilo conductor perfecto para narrar una historia. Pero el espectador no se va a encontrar con una road movie, definitivamente no. Drive my car es una adaptación de uno de los relatos cortos incluidos en Hombres sin mujeres, la obra del prestigioso escritor Haruki Murakami publicada en 2014 y eterno candidato al Premio Nóbel de Literatura. La película ya ha obtenido el Premio al mejor guión en el Festival de Cannes y el Globo de Oro y BAFTA a la mejor película de habla no inglesa. Cuenta, además, con cuatro nominaciones a los Premios Oscar entre los que se incluye el de mejor película.

Drive my car: un viaje fascinante hacia el corazón humano que quizá se hace un poquito largo

Y es que es asombroso cómo el director, partiendo de un relato corto, es capaz de brindar al espectador 179 minutos de metraje. También hay que decir, que en la película hay alusiones además a otros relatos de la obra de Murakami. Que estamos ante una buena película no admite discusión. Las interpretaciones, la fotografía, la banda sonora, resultan destacadamente creíbles y hermosas pero en lo que quizá peca el director es en el hecho de alargar una historia que podía haber sido narrada en menos de minutos o con un ritmo más ágil. Sin embargo, Drive my car no deja de ser una inteligente obra capaz de retratar la complejidad de las relaciones humanas. La cinta aborda temas como la infidelidad, la superación de la muerte de un hijo, las relaciones de pareja, la sensación de vacío cuando perdemos a un ser querido así como el miedo a la soledad y a las segundas oportunidades. Un viaje al alma humana. Todo desde las conversaciones y los largos silencios.


El amor, la pérdida, el duelo y la incomunicación

Yasuke Kafaku (Hidetishi Nishijima), actor y director de teatro, acepta embarcarse en la obra «Tio Vania» (del dramaturgo ruso Antón Chéjov publicada en 1899) en un festival de Hiroshima. Como norma, ha de aceptar que le impongan un chófer privado que será el encargado de recogerlo cada día y llevarlo de vuelta a casa. Para dicha tarea le es asignada Misaki, una joven muy reservada. Ambos arrastran dramas personales. Aunque en un principio, la base de su relación es la incomunicación, a medida que transcurren los trayectos, la sinceridad acaba creciendo en sus conversaciones. Esos viajes acabarán por convertirse en una terapia sobre el amor y la pérdida en la que ambos se verán obligados a reflexionar sobre la vida futura enfrentándose a su pasado. En los trayectos en coche aflorarán las heridas y cicatrices de los protagonistas, reales como la vida misma, narradas de forma sutil, delicada y bella.

En resumen, una buena película profundamente hermosa que quizá podría haber mejorado aún más con menos minutos de metraje y un ritmo más ágil. No apta para cinéfilos no acostumbrados al ritmo pausado de la cinematografía oriental. Pero recomendada para amantes del cine poético y profundo.


Si te ha resultado útil, comparte…


También nos puedes seguir …

Deja un comentario